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"José, el amor que calcina"
Sudario 02 - Parte Frontal
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"José, el amor que calcina"
Sudario 02 - Parte Trasera
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"José, el amor que calcina"
Sudario 02 - Pieza Completa

“José, el amor que calcina”

Sudario 02 - 2019

Técnica mixta en lienzo

105 x 450 cm

por Angel Correa

Técnica y materiales

Técnica mixta en lienzo 100% algodón, café microfiltrado en polvo, agua destilada, acuarela, témpera, acrílico, anilina, tinta, colorante de alimentos, medio acrílico y barniz

Descripción de la obra

Esta obra fue inspirada por José y la canción con la cual lo identifico: “Me Nace Del Corazón”, ranchera, año 1978, interpretada por Rocío Durcal, cantante española. Estas son algunas líneas de la letra: Me nace del corazón decirle que usted es mi vida, que no sé vivir sin usted, disculpe que se lo diga, pero es que no aguanto más, este amor me calcina. Me nace del corazón y el corazón me domina. Quiero sentir sus besos, sus manos que me acarician, quiero comprobar que vivo, no quiero morir de amor".

Siempre me he sentido fascinado por la belleza física de los hombres, desde mi infancia, las imágenes más bellas que tengo en mi memoria son las de hombres que encontraba atractivos físicamente, creaciones divinas que me han llenado de gozo siempre.

Una de las cosas que recuerdo con cariño de mi niñez es la imagen de José, un hombre joven saludable y atractivo, entre 20 y 25 años de edad, el papichulo del cual hablan ahora las muchachas, en ese entonces el papacito del barrio, el biscochito con doble crema, el irresistible para las nenas, para todas las chicas que ni tan siquiera se sentían celosas para poder compartirlo entre ellas. El amigo del feo y los poco agraciados o inseguros que lo usaban como tiquete de entrada para acercarse más a las muchachas y obtener el privilegio de recibir su atención y favores de amor.

José, el hombre bello que yo mismo miraba chorreando la baba por él, un día llegó muerto en el volco de su camioneta, traído por los trabajadores de la finca a la casa de sus padres, en mi vecindario, en medio de una escena teñida de sangre, esa sangre siempre tan escandalosa cubriendo gran parte de sus blue jeans y camisa a cuadros blancos y negros, con su perro pastor ovejero alemán "Franco" tratando de lamerlo mientras lo entraban para tenderlo en el piso de la sala.

Una escena inolvidable de gritos, protagonizada por el corre corre de las señoras, la angustia generalizada de los vecinos, el afán de negar lo ocurrido por los miembros de la familia, el azote de puertas, ladrido de perros, pero especialmente... Los gritos, lamentos y llantos en boca de las muchachas del barrio por la pérdida del papacito, por la muerte de José. "Dios mío mataron a José, mataron a José! Dios mío qué es esto? Dios mío por qué José!"

Qué hombre tan hermoso, con cabello castaño claro, de piel blanca, alto y delgado, con naríz aguileña, cejas gruesas y ojos cafés; velludo en pecho, brazos y piernas; con barba y bigote. Hombre de gestos y poses varoniles, con una sonrisa que tenía el poder de derretir a cualquiera. También lo recuerdo muerto, con su sombrero puesto, con un rostro sereno y los pies sobresaliendo del ataud, con sus botas texanas, las que estaban de moda. La familia tuvo que esperar a que la funeraria le consiguiera un ataud de su tamaño y pasar por el drama de cambiarlo al nuevo.

Él representaba la belleza que inspiraba expresarle sentimientos hermosos y apasionados nacidos en el corazón; nunca en mi vida había visto antes a tantas mujeres llorando desconsoladamente por un hombre, desfallecidas tiradas o sentadas en el piso, postradas, sin fuerzas, cerca de él, todas ellas las víctimas de la tristeza, de esa tristeza que se vive más allá de la pasión.

Muchos hombres como José han muerto y mueren en Colombia, con la belleza que emana de ellos, que los mismos irradian; belleza física que manifiesta una promesa de vida, la realización de los sueños, de la oportunidad de un futuro mejor; el potencial marido y padre de los hijos; la imagen de la vida, la salud, el carisma, la paz y la amabilidad; la capacidad de trabajo y progreso, la pasión, el encanto, la abundancia de energía, el placer y el romance de la juventud. Todo lo que la violencia destruye y desdibuja, lo que trato de representar en mis obras siendo figurativo, siendo abstracto, siendo ambos y tal vez no siendo ninguno de ellos sino sólo una emoción que no puedo contener más y debo expresar de esta manera.

Durante el velorio en su casa yo estaba entre el grupo de niños, con mis amiguitos. Al mirarlo en el ataud su rostro pálido lucía diferente, con una banda blanca alrededor para conservar su boca cerrada, aún así su belleza seguía ahí, poderosa y seductora; pero refugiándose en el corazón de los asistentes, durante el rezo del rosario o mientras tomaban el café que con su aroma y el del azúcar de caña impregnaban el aire como en un coctel de desilusión.

Con este Sudario estoy representando lo que significa que la violencia y el conflicto social te roben la belleza o la desfiguren con la muerte. Un motivo más que suficiente para tomarse un trago doble de aguardiente en "La Última Lágrima", como efectivamente muchos lo hicieron con cara de, y ahora qué? La misma cara que no he dejado de ver a lo largo de los años en la gente que visito y veo en las calles, aún ahora cuando voy de vacaciones.

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