"Javier, la agonía del exilio"
Sudario 06 - Parte Frontal
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"Javier, la agonía del exilio"
Sudario 06 - Parte Trasera
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"Javier, la agonía del exilio"
Sudario 06 - Pieza Completa

“Javier, la agonía del exilio”

Sudario 06 - 2019

Técnica mixta en lienzo

105 x 450 cm

por Angel Correa

Técnica y materiales

Técnica mixta en lienzo 100% algodón, café microfiltrado en polvo, agua destilada, acuarela, témpera, acrílico, anilina, tinta, colorante de alimentos, medio acrílico y barniz

Descripción de la obra

Esta obra fue inspirada por Javier y la canción con la cual lo identifico: "Mi Pueblo Natal", salsa, año 2012, interpretada por el Grupo Niche, orquesta colombiana. Estas son algunas líneas de la letra: "A lo lejos se ve mi pueblo natal, no veo la santa hora de estar allá. Se vienen a mi mente bellos recuerdos, infancia alegre que yo nunca olvidaré".

El drama de los exiliados es una constante en la vida de los colombianos y las colombianas. La gente tiene que dejar los campos huyendo de la violencia, de los bandoleros que se apoderan de sus tierras y masacran a los que se oponen, a los que se resisten. En el área rural de Colombia viven generalmente campesinos que se debaten a diario entre la vida y la muerte, bajo la amenaza de los grupos que sostienen el conflicto y mantienen el caos en esas comunidades alejadas y abandonadas por el Estado, el gobierno de turno e instituciones como las fuerzas armadas encargadas de velar por la ley y el orden que por alguna razón no pueden protegerlos adecuada ni oportunamente.

Exiliados en Colombia son todos aquellos que tienen que partir obligados por la violencia dejándo atrás la familia, la tierra, la historia y una vida que no volverá a ser la misma. Víctimas de la guerra civil, del conflicto social armado. Aprendí que ser exiliado no es ir o venir a un lugar desconocido, fuera de casa sino huir expulsado de un lugar y verte obligado a decirle sí a lo que es totalmente desconocido para ti y está completamente fuera de tu entorno; tener que cambiar de rutina, asumir el reto de aprender nuevas formas de hacer las cosas, renunciar a tus costumbres, ser un extraño y trabajar en lo que nunca pensaste que podías llegar a trabajar, convirtiéndote generalmente en alguien resignado que lo ha perdido todo.

Es triste tener que dejar tus cosas, la gente que amas, tu pueblo y tus tradiciones porque así las circunstancias te lo han impuesto. Pero es mucho más triste no poder despedirte de tu gente, no poder decirles hacia donde vas ni por qué, mucho menos dónde pueden encontrarte ni decirles cuándo vuelves; dándole inicio a un sentimiento de angustia existencial y de no pertenencia, de no ser parte de lo que te rodea, de  ser un extraño o un extranjero por siempre, con la marca indeleble de haber perdido tu casa, tu familia, tu pueblo o tu país; pero afortunadamente sin haber perdido la vida, lo único que te queda en medio de la nada.

Hay cosas que marcan poderosamente la existencia de un exiliado, cosas que manifiesta  con sus gestos y palabras, que se sienten cuando se le ve rodeado de un gran silencio, como en una burbuja donde nadie lo escucha, mirarando a la vida como algo que le ocurre a otros, siendo ajeno a sus costumbres y al lugar donde se encuentra, embargado por la certeza de que no llegará a ser uno de ellos.

Los exiliados tienden a mirar el mundo encapsulados en el pasado, a sentir malestar por la política y apatía por tomar decisiones democráticamente, a ser indiferentes a la felicidad, a mirar el futuro en blanco, con un pasado doloroso que no termina de comerse el presente através del trauma y la decepción.

Con javier decidí explorar un poco más lo que representa ser un exiliado, eso que no ha sido ajeno a escritores que han tenido que vivir en el exilio y lo han descrito y relatado en sus escritos de opinion, obras y a través de sus personajes. Autores como Jorge Luís Borges, Julio Cortazar, Gabriel García Márquez, Ernesto Sábato, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes, figuras familiares para mí en diferentes épocas de mi vida.

Estando en Londres conocí a Javier, a través de una historia triste, de boca de mis compatriotas que tuvieron que hacer una colecta de dinero para enviarlo de vuelta a Colombia luego de que falleciera. Un hombre joven que tuvo que dejar el país y moverse de un sitio a otro indocumentado, siempre huyendo como un criminal en fuga y sin serlo. Al final, luego de 20 años, solamente un hombre atemorizado, cansado de la vida, agotado por la desdicha y consumido por una penosa enfermedad, por los azotes del exilio, como algunos lo denominan.

Javier murió rodeado y llorado por sus amigos colombianos en un hospital, él no pudo regresar a Colombia en vida ni de visita; allá lo estaban esperando la madre, las hermanas, los sobrinos, los amigos y los enemigos que lo obligaron a salir del país, para iniciar una aventura que lo consumió con temor y pánico a través de Europa, como él mismo lo comentaba, una vez que hizo su entrada por España.

Descansa en paz querido Javier.

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