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"Esteban, el alma gemela, el hombre entrañable"
Sudario 09 - Parte Frontal
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"Esteban, el alma gemela, el hombre entrañable"
Sudario 09 - Parte Trasera
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"Esteban, el alma gemela, el hombre entrañable"
Sudario 09 - Pieza Completa

“Esteban, el alma gemela, el hombre entrañable”

Sudario 09 - 2019

Técnica mixta en lienzo

105 x 450 cm

por Angel Correa

Técnica y materiales

Técnica mixta en lienzo 100% algodón, café microfiltrado en polvo, agua destilada, acuarela, témpera, acrílico, anilina, tinta, colorante de alimentos, medio acrílico y barniz

Descripción de la obra

Esta obra fue inspirada por Esteban y la canción con la cual lo identifico: “La Bikina”, ranchera, año 1964, interpretada por Luís Miguel, cantante mejicano. Estas son algunas líneas de la letra: "Solitaria camina la bikina, la gente se pone a murmurar. Dicen que tiene una pena, dicen que tiene una pena que la hace llorar. Altanera preciosa y orgullosa no permite la quieran consolar. Dicen que alguien ya vino y se fue, dicen que pasa las noches llorando por él".

La Bikina hace referencia a la historia de una mujer que sufre la tragedia del abandono a todo lo largo de su vida, hasta que un día desaparece luego de conocer el amor. Esta es la misma historia de muchas mujeres en Colombia, mujeres que por la situación de conflicto social, violencia, caos político y económico han terminado solas, abandonadas, víctimas de las circunstancias y con el reto de tener que salir adelante por ellas mismas, por la familia, por los hijos o porque tienen fe en que no todo será malo por siempre.

Yo he visto muchas Bikinas en mi vida, en mi familia, en mi vecindario, en las familias de mis amigos, en las noticias, en la calle, descubriendo que están en todas partes, una vez que empiezas a conocer a la gente y a hablar sobre sus historias de vida. La característica número uno de estas mujeres es que todas han perdido trágicamente a alguien cercano a ellas; en mi caso parte de la historia de la Bikina se repite con mi madre, quien perdió a su padre estando muy joven, durante la violencia, asesinado. Y no sólo mi abuelo, muchos de los amigos de infancia de mi madre, con algunos de ellos que llegaron a morir en la clínica donde ella trabajaba como enfermera.

Colombia es un país lleno de viudas, pero no sólo eso, de mujeres que han perdido a sus prometidos, novios y amigos, igualmente a sus padres, tíos, hermanos e hijos. Algo triste de ver, el resultado de una situación donde fuerzas sociales chocan con toda su potencia destruyendo vínculos afectivos a su paso, con toda su furia, dejando devastadas emocionalmente comunidades enteras, familias que entran en duelo obligándolas a permanecer de luto por años y años, muchas veces como víctimas de la injusticia, la impunidad y la miseria.

La Bikina es la mujer, señora de la casa, abuela, madre, hija, hermana, novia, amante, amiga, sobrina, prima, cuñada, vecina, colega, persona importante o común y corriente que ha tenido vínculo con un hombre dedicado a la milicia, a la policía, al crimen organizado, a la gurrilla, al narcotráfico, a la política,  a cualquiera de los sectores industriales y agrícolas, instituciones, comunidades o grupos al margen de la ley que conforman el país, y que producto de las circunstancias, por la violencia, se convierten en víctimas o heroínas llenas de valor, pena y dolor; mujeres que se ven obligadas a fortalecerse en medio de la tragedia, desvaneciendo su vulnerabilidad en el horizonte del sufrimiento; mujeres que han sido ignoradas o que han decidido ignorar lo que sucede a su alrededor.

Cuando estaba pequeño una de las historias que me contaba mi Nana Dary era la de una mujer que iba a llorar al cementerio la muerte de su marido, el hombre se había ido a la guerra y luego había muerto trágicamente dejándola viuda y con hijos huérfanos. La mujer lloraba sobre su tumba diciéndole que lo extrañaba y que lo necesitaba a su lado, que sus hijos querían verlo, que en su casa se sentía un vacío enorme sin él. Sus lagrimas estaban llenas de amor, dolor y compasión. Cada que una lágrima caía sobre la tumba, a su vez una flor brotaba de la misma, como una respuesta al te amo de ella, como alivio para su pena, como comfort para su soledad. Mi Nana decía que por eso no le gustaba ir a los cementerios, porque estaban llenos de gente que había muerto de manera horrible en un río de sangre y que le chocaba que la gente fuera indolente, que no les diera pesar de nada, como si nada hubiera pasado.

Esteban está representando ese hombre que amó a la Bikina y fue amado por ella, correspondido por ella. Este sudario tiene un significado especial dedicado a todas las mujeres que han perdido a un ser amado que derramó su sangre durante una época de violencia, de guerra; especialmente si ese hombre fue su complemento, su alma gemela. Pinté varias capaz de flores sobre la silueta de Esteban y luego sellé algunas de ellas para que no perdieran su forma durante el proceso de tinturado de la tela, me llena de emoción mirarlo, de saber que ahora puedo ver las lágrimas de la Bikina correspondidas en flor. Durante la toma de fotos en la iglesia los sentí muy cerca de mí, juntos y felices. Un final bonito para el cuento de mi Nana.

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